El presidente Fernando Lugo colocó la inclusión urgente de nativos y discapacitados entre los temas de su primera intervención oficial ante la 63 Asamblea de la Organización de Naciones Unidas en Nueva York, este septiembre.
A poco más de un mes de haber asumido la presidencia, Lugo pidió una atención especial sobre los pueblos originarios del mundo, y se refirió en particular a los que residen en los países americanos.
“Son sí, el potencial más vivo del protagonismo político que debemos potenciar, promover e incluir. Si no, sería un atentado intolerante contra nuestra propia civilización”, subrayó al remarcar: “América debe despertar, debe contabilizar la vieja deuda que empezó a gestarse en el vientre inmundo de los barcos esclavistas”.
Para Lugo, el nuevo gobierno paraguayo constituye una respuesta inequívoca a las muchas demandas acumuladas y oportunidades perdidas en las últimas décadas.
Días antes de iniciar su administración de cinco años, realizó un recorrido a pie de unos 20 kilómetros para constatar la realidad de estos pueblos. Caminó por La Leona, Puente Kaigué, Paraíso, Urunde'y, Las Flores, 25 leguas y otras del Chaco paraguayo, y dialogó con sus habitantes en busca de experiencia.
“Viendo a los indígenas no sé en qué siglo estamos”, dijo durante la gira y prometió asistencia inmediata, reforma agraria y comenzar el acueducto.
Específicamente en esta nación suramericana, las problemáticas de los indígenas están centradas en la falta de tierra, la depredación de sus bosques, la imposibilidad de recuperar parte de sus territorios, la explotación laboral en las estancias y el azote de enfermedades como la tuberculosis.
El reconocimiento de estas comunidades –dijo ahora el dignatario- sigue siendo una materia pendiente, una triste expresión de la intolerancia en algunas regiones.
Este país clasifica entre los 10 que encabezaron las violaciones de derechos indígenas en 2007, según un informe de Survival, una organización no gubernamental de defensa de los pueblos originarios.
Indonesia, Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Botswana, Brasil, Perú y Malasia completan el grupo.
El texto destaca que los ayoreo-totobiegosode, los últimos indígenas no contactados al sur de la cuenca del Amazonas, sufren como consecuencia de las empresas madereras que destrozan su bosque.
El actual presidente paraguayo considera que estas problemáticas deben ser tan atendidas como las causas estructurales e inmediatas de la pobreza, y así lo hizo saber ante la ONU.
Distribuidas en unas 300 comunidades, en Paraguay conviven casi 100 mil indígenas con cinco familias lingüísticas: Tupí Guaraní, Maskoy, Mataguayo, Zamuco y Guaicurú.
Estas poblaciones “no sólo son pobres y están excluidas, sino que no han alcanzado en muchas regiones del continente a tener una inclusión ciudadana que les permita liderar procesos”, resaltó Lugo.
“Las naciones indígenas
-insistió- no son la artesanía milenaria de nuestro continente, sino el potencial más vivo de protagonismo político que debemos respetar, debemos promover e incluir, porque si no lo hiciéramos sería un atentado intolerante contra nuestra propia civilización”.
Los indígenas paraguayos viven en una situación triste, desoladora, infrahumana y criminal, resaltó recientemente una denuncia del Ateneo de Lengua y Cultura Guaraní, una entidad jurídica, autónoma, con carácter científico-cultural, dedicada a la formación de profesores de lengua guaraní.
Sus reclamos tienen casi 500 años y nunca fueron atendidos por ningún gobierno, destacó el documento tras aclarar que existen comunidades en la "línea de la muerte", como los Ache-Guajaki, los cuales son cerca de mil; los Guana y los Manjui de apenas 500 personas, y los Chamakoko ya no alcanzan las 150 personas.
La ONU debe constituirse en herramienta que produzca la poesía de eliminar el hambre, advirtió el mandatario en su discurso.
El año pasado, tras dos décadas de negociaciones en esa instancia, fue aprobada la Declaración Universal sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Un total de 143 países apoyaron el documento que establece los estándares mínimos de respeto a la propiedad de la tierra, acceso a los recursos naturales, preservación de los conocimientos tradicionales y autodeterminación de los indígenas.
Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda se negaron a firmarlo.
La declaración es una esperanza para las más de 370 millones de personas que integran esas comunidades vulnerables, víctimas del racismo, la marginación, la discriminación, la falta de reconocimiento, protección y garantías.
“Tengo fe en que un día estas gigantescas estructuras que nacieron para evitar la guerra se orienten cada vez más a buscar el pan y erradicar el hambre, la desnutrición en el mundo y las muertes masivas por pestes o violencias de toda índole”, enfatizó Lugo.
En otra parte del discurso ante el foro mundial, se refirió a la crisis alimentaria, las dificultades de los países sin litoral y la necesidad de desarrollar energías renovables.
Por primera vez un jefe de Estado paraguayo llevó a esa instancia casos como los de las hidroeléctricas binacionales Itaipú y Yacyretâ, que el país comparte con Argentina y Brasil.
“Nuestro gobierno está empeñado en priorizar y utilizar estos recursos renovables para el desarrollo económico y social del país. Mejores fuentes de trabajo, más producción y una reducción de la pobreza”, expresó.
"Esta nueva administración representa el fin de la transición de la democracia de 19 años y ha llegado para iniciar la reforma del estado y de la economía e incentivar la participación de la ciudadanía en la toma de decisiones políticas", refirió Lugo.
Al término de su discurso en la ONU, el ex obispo pidió universalizar el 30 de julio como Día de la Amistad, y habló del amor como “una palabra muy poco frecuente el discurso político”.
“Ojalá pudiera germinar esta iniciativa al unísono en diversas regiones del mundo y que la amistad, con su contenido de valores, con sus principios, reemplace más temprano que tarde a la hostilidad tan presente en nuestros días...”, concluyó.
Fuente: PL

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