En la compleja relación entre dos países asimétricos: Brasil y Paraguay la cuestión de Itaipú es un tema dominante. La mayor represa hidroeléctrica fue concebida como un mecanismo de encontrar soluciones a problemas fronterizos comunes pero claramente para responder a las demandas energéticas de futuro del Brasil.
El tratado, según expertos, es injusto pero hay que tener capacidad, legitimidad, equipo para fundamentarlo y en eso se encuentra trabajando el Gobierno de Fernando Lugo. El gobierno paraguayo atacará la deuda acumulada en más de 20 años de generación de energía siguiendo el modelo ecuatoriano cuyo monto es mucho menor que la deuda paraguaya en Itaipú. Se procurará con ello desinflar la posición arrogante de la Cancillería brasileña y disminuir la popularidad del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo prestigio local se ha proyectado hacia el mundo de manera notable. Mientras el ex sindicalista metalúrgico habla de integración creando nuevas uniones regionales, el Mercosur no se proyecta en la práctica como un mecanismo que genere prosperidad y desarrollo a sus socios más que el uso de la chapa por parte de Brasil para ganar mercados internacionales que permitan el desarrollo de su economía.
La posición paraguaya de reclamar la deuda no sólo pondrá en evidencia la injusta acumulación de ella sino el nivel de corrupción financiero que ha probado en la práctica convertir a la hidroeléctrica en un modelo distorsionado de gestión. Brasil teme que con esto su emergente prestigio quede afectado pero, sobre todo que, el discurso de "equidad y justicia social o económica" se desmorone por incoherente. Paraguay puede aprovechar ese momento de debilidad ante el mundo pero sólo si tiene una estrategia mayor donde atacar la "ilegitimidad de la deuda" se corresponda con una idea clara de que hacer posteriormente en la negociación de la misma que casi alcanza 20 mil millones de dólares a más de 20 años de generación de energía. Puede ser un golpe de efecto que movilice las fuerzas internas de países como Paraguay o Ecuador acostumbrados a tener que soportar relaciones abusivas y arrogantes por parte del vecino lusitano y que éste en consecuencia se avenga a negociar en condiciones de mayor justicia y equidad. Dará un margen mayor para el discurso y la acción de Venezuela que con sus petrodólares también ambiciona colocar su proyecto bolivariano en la región. Conviene además a los que observan con aprehensión la idea integracionista de América Latina y que también tienen sus proyectos propios como el Alca norteamericano.
Más allá de la reclamación de justicia, es evidente que esto demuestra una manera nueva de enfrentar la siempre compleja relación entre países de mejor volumen económico con otro más grande sin caer finalmente en la visión fatalista de Calibán, el personaje shakesperiano, quien afirmaba que nunca sería posible la relación armónica entre un país pequeño y otro más grande y que al primero sólo "le quedaba aprender el idioma del segundo para maldecirlo en su propia lengua".
Tal vez después de esta nueva puja en la relación entre ambos países lo que quepa sea que al final paraguayos y ecuatorianos terminen diciéndole a coro al Brasil en tono serio y firme: "voce é malandro demais".
Fuente: informarn.nl


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